MARIA JOSE LLERGO en Madrid - MOMENTOS ALHAMBRA

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Sala Galileo (LNEV). Calle Galileo Galilei, 100. Madrid. Ver mapa

28/11/2019

21:00

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Descripción

Entradas MOMENTOS ALHAMBRA presenta MARIA JOSE LLERGO en Madrid - Galileo

Critiquen, agárrense un buen cabreo. Tuerzan el morro cuando reciban una palabra airada por una comparación ramplona más. “¿Es la última estrella del flamenco urbano, no?”.  No, no lo es. 

Y sino, hagan dislike. Dislike a la libertad. Cuando no sea flamenco purista lo que la atraviese como un cristal. Cuando sea rap, pop o qué sé yo. Cuando fluya con Marc López,  escudero a las seis cuerdas, o cuando embelese –está por venir– con Juancho Marqués, que la contactó a través de IG cuando no acumulaba ni un millar de seguidores. 

Cuando sobresalga, de la misma forma, cantando por Manolo Caracol o Antonio Machín canciones que le enseñó su abuelo, José Sánchez Muñoz (en letras igual de coloreadas que los celebérrimos del bolero), mientras labraba, hacía regueros para el agua, llenaba la alberca. Día tras día, para recoger lo que la tierra le brindaba: cebollas, berzas, tomates, patatas... Él las cosechaba, su abuela las vendía, en su Córdoba natal. “Los pobres, de pobres que son, no tienen ni cadenas. Son libres”, le decía. 

En su barrio se sentía continuamente sin derecho a soñar. “¿De dónde vienes? ¿Eres consciente?”. Lo era. Lo es. Tal vez mañana no esté aquí. Y no quiere dejar una idea equivocada de sí. Aunque sea una idea que nazca de la precariedad, de la incertidumbre. 

Ahora, a mil kilómetros de su casa, calla a la Rambla del Raval de Barcelona, donde está afincada para estudiar en ESMUC, cuando entona de improviso Mira que eres linda. 

Llévense las manos a la cabeza por escuchar un cante con peso, profundo, con el atuendo de sus contemporáneos, pero pensando –qué alegría– como en el siglo XX. La vida es la experiencia de cada paso. Cualquier gesto, por cotidiano que sea, habla del otro. Hacer una canción; preguntarle qué tal al vecino; apoyar lo social. Exploten cuando no vislumbren ni pizca de posmodernidad en una persona que se balancea aún en la veintena. Sientan como todo se les descoloca cuando no vean mercadotecnia, networking o postureo. Sino sensibilidad y valores. Unos valores que asustan, de ahí lo del siglo pasado: compromiso con el arte, las emociones, los demás. 

Déjense extrañar. Con apenas un par de canciones (dígase Niña de las dunas, grabada en su pueblo, con gente de su pueblo, como un homenaje más a sus raíces, a lo andalusí), ya es una de las voces más prometedoras. O váyanse a la mierda, directamente, cuando quieran dirigir la carrera de María José Llergo (Pozoblanco, 1994), hacerla a imagen de lo que ustedes proyectan; no se puede proyectar sobre un poliedro. Demasiado complejo: la luz brilla sin ataduras, hacia donde gusta. Todos intentan comprender el arte, pero éste es libre. Todo intento de definirlo no es una intención del sentido. No vale. Así lo cree ella. 

Disfruten sin prejuicios, acérquense, a su expresión excelsa y a su bellísima persona, a la delicia de entrar en diálogo (con ambas). No hay mejor recompensa en el camino que tomar senderos ignorados. No para atajar, sino para llegar a parajes desconocidos. 

Un alegato al compromiso a propósito de Maria José Llergo .

Yeray S. Iborra (@YeraySIborra), en Barcelona, a enero de 2019.

En este caso el promotor no ha especificado la política de acceso a menores, si tienes cualquier duda te animamos a que te pongas en contacto directamente con él.

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